Preparándonos para el viaje

Me resulta muy curioso ver las diferencias existentes entre las familias y sus modos de criar a los hijos. Es algo que veo desde un punto de vista cultural, mas que personal, y lo hago porque con dicha observacíon, descubro que estamos condicionados en esto de la crianza y las metas que le establecemos a nuestros niños, por un deber ser impuesto a nivel social en el país de origen. ¿Qué nos inculcaron nuestros padres?  ¿Cuáles expectivas debíamos cubrir?  ¿Por qué se nos exigían unos patrones determinados?

El tener que formar a mis hijos en culturas diferentes me ha brindado la oportunidad de apreciar diversos estilos de enseñanza en casa y en la escuela. Me tomo la libertad de hacer propios los aspectos que me parecen adecuados para mi familia y los cuales me permiten brindar a mis nómadas una visión más amplia y actualizada del mundo y lo que allí hacemos. ¡Y es que no nos queda de otra! Nuestra vida dio un giro cuando nos tocó dejar la zona de confort, lo cotidiano y familiar, para ir en busca de algo mejor en el extranjero. Nadie nos preparó en nuestros hogares latinos para la emigración y lo que ella representa. Nuestros abuelos y padres no nos exigieron flexibilidad de pensamiento, muchas veces ni un segundo idioma aprendimos, y la idea de dejar el terruño era algo propio de aquel que se convertía en diplomático, artista de cine o pelotero de grandes ligas. Nadie nos preparó para el viaje.

Ahora somos muchos los que nos abrimos camino aquí, allá y acullá. Ahora somos nosotros los responsables de exigir a nuestros muchachos la disciplina necesaria para tiempos de cambio, no solo emocionales sino también físicos. La crianza debe globalizarse, al igual que ha ocurrido con la tecnología y la ciencia… Es justo y necesario. ¿Pero por dónde empezar? Pienso que la globalización de nuestros pequeños comienza en casa, aun sin haber viajado o comenzado el proceso migratorio. Es un camino que debemos presentar a los nuestros con amor, emoción y sabiduría. Tenemos que hacerlo una prioridad: los idiomas, la lectura multicultural y el respeto hacia los demás y sus tradiciones. Criemos para el ahora y para el mañana. Enseñémosles a nuestros hijos a ser perseverantes y disciplinados, a no amilanarse ante la primera dificultad y a trabajar duro por sus sueños.

Hoy mi hijo ha comenzado una nueva actividad, un ejercicio que requiere fuerza física y concentración mental. También requiere dedicación y constancia. Aquí estoy para apoyarlo, para mostrarle las similitudes entre practicar un deporte y emprender una nueva vida lejos de casa, con otra lengua y otras costumbres. Seamos la luz de cambio que ilumina el paso del futuro. Aprovechemos las ventajas de la vida multicultural para formar hombres de mundo, hacedores de paz y constructores de una nueva sociedad.

Carnaval a lo alemán

Y aquí nos encontramos hoy celebrando el carnaval al mejor estilo Fulda, Alemania. El “Karneval”, también conocido como “Fasching” o “Fastnacht”es una fiesta tradicional de tipo no religioso de gran importancia en este país, que se celebra en las zonas cercanas al Rhein desde los años 1300s. Representa la oportunidad de reunirse en villas, clubes, escuelas de danzas y otros centros de la comunidad, para preparar danzas, disfraces, carrozas y comparsas. Es tiempo de celebración y diversión donde grandes y chicos se visten con atuendos llenos de color y gracia.

En nuestra casa no pudimos quedarnos atrás y perdernos esta celebración, así que nos fuimos, chaqueta en mano, al centro de la ciudad y encontramos la esquinita perfecta donde ver pasar las carrozas, que incluía hasta unos rayitos de sol primaverescos que nos alegraron y calentaron el día. Vimos de todo, disfraces de animales, personajes históricos y políticos, piratas, brujas, momias, soldados, policías y bomberos. También estuvieron presentes los coloridos trajes de las bailarinas de Garde, un baile inspirado en las chicas del Can Can o cabaret francesas y practicado en la actualidad por chicas en clubes y eventos deportivos. Los nómadas no perdieron la oportunidad de recoger dulces y chocolates obsequiados por los miembros de las diversas comparsas… Regresaron a casa con dos bolsas llenas de chucherías que les aseguro no se comerán todas hoy.

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Y ustedes ¿cómo celebran los carnavales en su país? ¿Es esta una tradición que se practica en tu país de origen? En Venezuela la celebración del carnaval es de gran importancia y marca el comienzo de la época de cuaresma para los cristianos, sin embargo, no es hasta ahora que nuestros chicos disfrutan de esta festividad porque en Estados Unidos, donde vivimos hasta hace tres años, no se festeja esta fecha (a menos que sea en el sur del estado de Louisiana).

 

¡Y ya no éramos dos!

Desde hace años transito el camino de todo inmigrante: lejos de la familia, del país de origen, re viviendo tradiciones propias en tierras lejanas. Sin embargo, no fue hasta ahora que se me ocurrió documentar las travesías de esta familia y nuestros intentos por “ser” y “no ser”. Me explico para que no crean que la distancia me aflojó un tornillo. Hace tres años nos mudamos a Alemania, después de haber vivido en Estados Unidos por 12 años y haber traído al mundo tres chicos bajo el cielo texano. De pronto no se trataba de mí, y mi esposo, lidiando con los cambios propios del proceso migratorio, sino que ahora mis hijos vivirían lo que yo experimenté en carne propia al dejarlo todo y lanzarme a lo desconocido. Era yo, era mi marido, éramos nosotros los responsables de arrancar las raíces de nuestros hijos y trasplantarlos en un lugar inexplorado.

Los años de experiencia laboral trabajando con niños, enseñando mi idioma y mi cultura, me prepararon para ver este cambio como una oportunidad de crecimiento personal, de descubrimiento de ese yo interno que me decía que una vez dejado el nido primario, donde viven mamá, donde están papá y los amigos,  cualquier viaje se emprende más fácilmente. Mis raíces ya habían sido sacadas de suelo criollo para recorrer terruños extranjeros y me sentía feliz, curiosa del mundo que me rodeaba y del que se encontraba distante. Eso combinado con la forma pragmática de mi esposo de ver las cosas, y el positivismo que me he tallado en el corazón, empacamos nuestra vida en 10 maletas y nos dispusimos a cruzar el Atlántico. Nos acompañaba una oferta de trabajo para mi marido, un diccionario y unos libros de vocabulario básico en alemán, y las palabras de mi hijo mayor retumbándome en la cabeza: “me están arruinando la vida con esta mudanza”. ¡Cómo ha cambiado nuestra vida desde ese entonces!

En este tiempo he confirmado como mamá lo que ya de educadora sabía, los niños son seres elásticos que extienden su curiosidad y capacidad de aprender, tanto como nosotros los adultos los motivemos a hacerlo. Que son capaces de retraerse y ser fieles a sus costumbres de casa, mientras conocen y adquieren las del país huésped. En este tiempo aprendí que más que yo a ellos, fueron mis hijos los que me dieron la gran lección de integración cultural, de valentía y perseverancia aun a su corta edad. Esta gran admiración que siento hacia mis chicos, hacia su forma de “ser” auténticos, respetuosos y tolerantes de lo distinto, y de “no ser” prejuiciosos, tibios y amilanados, me inspiró para crear Little Nómadas. Este es un espacio para tí, para ustedes, para todos aquellos que se sientan curiosos por la aventura de esta familia de cinco y sus peripecias viajeras, y para quienes se interesan por una crianza global que le brinde al mundo la oportunidad de tener seres humanos a gusto en cualquier rinconcito del planeta.

Una vez más ¡bienvenidos!

 

El primero de muchos

¡Bienvenidos a este espacio en donde comparto nuestro paseo por el mundo de los idiomas y diversidad cultural! Aquí escribiré mis vivencias como madre de tres nómadas, profesora de español e inglés de niños y adultos, y como coach multicultural. Te invito a visitar con nosotros los parajes y las tradiciones que el mundo nos ofrece, recuerda que para viajar solo necesitamos un corazón y una mente abiertos, curiosidad y un buen guía. ¡Acompáñanos!

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