Uncategorized

La Mujer Latina en el Extranjero

“Soy una mujer, y yo soy una latina. Esas son las cosas que hacen que mi escritura sea distinta. Esas son las cosas que le dan poder a mis escritos.” Sandra Cisneros 

Y es que en este recorrido que hacemos como viajeras permanentes, el escrito de nuestras vidas es fuerte, decidido y tenaz, como el espíruto latino. Pienso en viajeras continuas porque eso es lo que somos, eso soy yo y esa eres tú. La travesía de la mujer latina que emigra nunca acaba, jamás llega a su fin. Lo mismo ocurre con las que se toman sabáticos o las que recorren el mundo como expatriadas. Todas somos, de una forma u otra, caminantes de oficio. Una vez dejado el terruño original, son muchos los nidos constituidos, los sabores disfrutados y los abrazos repartidos que pasan a crear ese sentido de hogar que trasladamos, con lágrimas y risas, desde nuestra casa de cemento hasta nuestra séptima nube en un país lejano.

¿Pero qué nos distingue de otras mujeres emigrantes? 

La respuesta no se nos presenta fácilmente. Trataré de desglosarla en pedacitos de recuerdos y familismo.

1. Una mujer latina crece teniendo como norte la aceptación familiar y se forma bajo la protección de parientes y amistades cercanas. Nosotras somos por excelencia mujeres de familia, dispuestas a escuchar los consejos de la madrina y seguir las recomendaciones de la abuela. En muchos casos sentimos la necesidad de “hacer caso” y seguimos órdenes de padres y tíos porque respetamos su autoridad y confiamos en que ellos saben qué es lo mejor para nosotras.

Aún recuerdo la emoción tan grande que tenía por casarme en agosto, en una hermosa boda de verano rodeada de flores y el césped verde… cosa que no sucedió porque la bisabuela de mi esposo nos aseguró que era de mala suerte tener el casorio en ese mes… Todos los matrimonios celebrados en agosto que ella conocía  habían terminado en divorcio. Vaya usted a saber si era cierto, pero mi corazón jamás pensó en no hacer caso y al final nos casamos la última semana de septiembre (lo más lejos de agosto posible) en una boda otoñal de tonos rojizos y ocre que jamás olvidaré.

Se han preguntado qué pasa con esa mujer latina cuando emigra. ¿Qué ocurre cuando nos toca crecer lejos de esa fuerza de gravedad llamada padres, tíos, primos, abuelos y amigos que consideramos familiares? Nos vemos fuera de nuestra zona de confort enfrentado el gran reto de tomar decisiones sin voltear a ver si mamá aprueba. Ya la vecina no está para criticar… estamos nosotras solas, en muchos casos acompañadas de nuestros hijos y pareja, abriéndonos camino en una sociedad de cultura muy diversa. Muchas veces traemos el pesado equipaje de la inseguridad y falta de autoestima por habernos criado en la búsqueda perenne de la aprobación de los demás. Con frecuencia dudamos de nuestras capacidades y atributos.

2. Una mujer latina se sacrifica a sí misma por el bienestar familiar. Por supuesto esto es menos demandante cuando contamos con el apoyo moral de la familia extendida y los amigos queridos. En el país de origen siempre contamos con ayuda y en la mayoría de los casos tenemos la posibilidad de tomarnos unos cinco minutos para nosotras mientras la abuela le echa un ojo a los chicos. Cuando vivimos lejos de todos la realidad es muy diferente. Nosotras pasamos a un segundo plano y nuestro núcleo familiar viene primero.

Muchas han sido las tardes en nuestros viajes anuales a Venezuela que hemos dejado a los niñitos con los tíos y corrido a tomarnos un buen batido de papaya en la tranquilidad del silencio de pareja. Ese privilegio no se nos da tan bien en el exterior.  Usualmente la falta de conocidos en quien confiar hace que nuestros primeros tiempos en el país huésped sean un compartir constante con nuestra pareja e hijos, todos juntos para arriba y abajo aprendiendo el nuevo oficio de conseguir tiempo para nosotras mismas en un lugar distinto con una dinámica desconocida. Por supuesto que nuestra entereza y decisión nos permite encontrar la forma de repartir el tiempo entre el hogar, el empleo, negocio y hasta actividades de voluntariado, pero reconozco que no es sencillo, al menos no al principio.

3. Una mujer latina aprecia a sus seres queridos intensamente. Somos así, cariñosas, cálidas y preocupadas por todos y todo. Emigrar o vivir por un tiempo lejos nos aleja de esos afectos que se convierten en vacíos distantes. De pronto no tenemos a nuestro grupo de amigas para consentir y apoyar. Quizás la población local sea un poco más reservada en su modo de entablar una relación de amistad; tal vez nuestro jefe nos demuestra su aprobación con un gesto muy formal que consideramos frío e impersonal. La cierto es que son diferencias que nos afectan profundamente debido a nuestra naturaleza afable y abierta.

Como consecuencia, tenemos el reto de ajustar nuestro proceder a un nuevo entorno y aceptar que detrás de esa actitud distante no se esconde nada personal, sino al contrario, se manifiesta un comportamiento social propio del lugar al que emigramos. Pero nosotras somos persistentes y rendirnos no es una opción. Así que con entusiasmo buscamos la forma de crear un círculo de amistades que nos permiten sentirnos en “casa”. Eso sí, es muy común que la diversidad cultural en lo que se refiere a relaciones interpersonales algunas veces nos parezca rara, incluso negativa, pues no venimos acostumbradas a ciertas prácticas menos estrictas, sobre todo en lo que se refiere a sexualidad y carrera. Ser mujer latina implica en numerosos casos tener una fuerte identidad religiosa y moral que nos es inculcada desde muy niñas.

“Lo que te hace diferente ahora te hará destacar más adelante. Deberías estar orgulloso de ser diferente.” Ellen DeGeneres 

Sin embargo esto no es una declaración de dificultades ni una protesta migratoria. Quiero con estas líneas destacar las razones por las cuales la mujer latina triunfa cuando concilia sus metas y sueños con la integración cultural por parte de su núcleo familiar y de sí misma, el aprendizaje de un idioma y el emprendimiento de su propio negocio en el extranjero. Estoy aquí para resaltar que es por esa necesidad de aceptación familiar, la cual mencioné anteriormente, que aprendemos a lidiar con nuestros propios miedos de la infancia y adolescencia y logramos mantener el contacto significativo con nuestra familia extendida que se ha quedado en el país de origen.

De igual forma, es esa búsqueda de bienestar familiar la que nos permite establecer prioridades claras para mantenernos enfocadas en lo que realmente importa: la unión familiar y el desarrollo emocional y físico de los nuestros. Ese amor incondicional hacia nuestra pareja e hijos nos motiva a enfrentar los retos que surgen antes, durante y después del proceso migratorio, de nuestra aventura de viaje o la expatriación temporal.

Finalmente, la calidez, la pasión, el arraigo y el entusiasmo que caracteriza a la mujer latina son los mejores aliados para destacarnos en cualquier lugar, no importa el idioma ni las costumbres locales. Nosotras conseguimos conquistar los ambientes más diversos y adversos con trabajo constante y una energía que irradiamos aun en los días grises… Es que acaso ¿no se han fijado en el poder que tiene la sonrisa de una latina?

IMG_0205

 

 

7 comentarios en “La Mujer Latina en el Extranjero”

  1. Estoy muy de acuerdo con lo que dices pero si voy mas alla de lo que hablas tambien hay mucho que ver el pais de donde vienes. Por ejemplo, muchos de los paises latinoamericanos tienen problemas politicos y al emigrar aqui pues el empuje cambia. Dentro de todos, somos mujeres ejemplares y me siento orgullosa de ser latina.

    Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s