Abriendo Puertas

Este fin de semana compartí de cerca una historia de partida… de dejarlo todo y empacar la vida en unas pocas valijas. A pesar de que nos separaba una distancia considerable, esa familia y yo nos conectamos por medio de las maravillas tecnológicas que nos unen en una sola causa: abrirnos camino en tierras lejanas. Su andar se convirtió en mi andar, y hoy me siento en ascuas esperando noticias de esos niños que despertarán en un nuevo sueño.

Compartir esta experiencia me hizo reflexionar un poco sobre la naturaleza humana y su afán por echar raíces en el lugar donde las necesidades básicas se satisfacen. ¿Pero qué ocurre cuando las circunstancias nos ponen en la calle? ¿Cómo reaccionar cuando nos vemos obligados a abrir las puertas del corazón para dejar ir lo que ya no sirve? Estamos tan condicionados a mantener bajo llave lo que más atesoramos, que resulta una tarea colosal el destapar los rincones del alma para dejar pasar los nuevos rayos de luz que resplandecen en nuestro destino. Pienso entonces en el corazón como un cerrojo que solo podrá ser abierto con la llave adecuada, con las palabras que embalsaman la tristeza ardiente del que se va y todo lo deja.

Constituye nuestro deber, abrirnos a lo nuevo y desconocido, maniobrando para no dejar salir nuestras bases culturales mientras permitimos la entrada a novedosas tradiciones vestidas de gala… resplandecientes y altaneras. Dejemos que el aceite de un nuevo idioma suavice la cerradura de nuestros temores, y seamos capaces de ver lo bello en cada rostro extraño, en cada recoveco misterioso. Mi consejo para esa familia llena de miedos y expectativas fue similar al que me recité a mi misma cuando arranqué las raíces de mi terruño: llora, ríe, estremécete de emoción por cada enigma del país huésped. Tu vida es ahora una página en blanco, fresca, pero no están solos, viajan junto a ustedes niños que esperan ansiosamente ser guiados en esta jornada fantástica. Elijamos enfocarnos en el principio de que estamos llegando más que en el hecho de que nos estamos yendo. Seamos pues esos candados inscriptos con la lengua madre anclados en remotos parajes, destapados a lo que venga… unidos, despiertos y anhelantes. Seamos la versión curiosa de nosotros mismos… La oportunidad está dada ¡aprovechémosla!

 

 

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