Quejas viajeras

Y aquí me siento con ustedes a contarles de las famosas quejas viajeras. Creo que hay lugares que se prestan para numerosos lamentos infantiles, y Europa con sus cientos de iglesias y museos es uno de ellos. Para nosotros los viajeros más mayorcitos, esto de visitar maravillas arquitectónicas nos apasiona. Cada iglesia vista es una imagen que atesoro en mi corazón, en mis recuerdos… como una fotografía mental. Sin embargo, el panorama es totalmente distinto para mis pequeños nómadas.

Recorrer Europa constituye una aventura que incluye un poco de todo: gastronomía, hermosa naturaleza, monumentos, contacto local y arte, entre otros. ¿Cómo transmitirles a nuestros chicos la curiosidad que sentimos y cómo motivarlos a disfrutar de los detalles que por su corta edad, puedan parecer tediosos? Aquí algunas ideas nacidas en medio del solazo veraniego de Praga y de la brisa helada de Copenhagen. Está de más decirles que hemos aprendido a actuar bajo presión… No hay mejor “detonante” de creatividad que un viajero de 10 años arrastrándose de aburrimiento por las calles de una de las tantas ciudades visitadas, negándose a entrar a una iglesia más. ¡Tomen nota y luego me cuentan cómo les va!

Para los chicos cuyo pasatiempo es la lectura, recomiendo buscar libros, folletos y cualquier material impreso sobre el lugar que visitarán. Por lo general estos niños se interesan por el arte y la historia, y obtener información extra de los distintos monumentos les dará esa sensación de control y motivación para explorar sin sentirse perdidos. Yo incluyo un mapa de la ciudad que le permite a mis pequeños marcar sus puntos de interés y ubicarse mientras caminamos (eso los mantiene concentrados en la ruta y los distrae de discutir con los hermanitos). Si al contrario te ha tocado un viajerito super activo que no agarra un libro a menos que tenga ilustraciones llamativas, los juegos serán tu mejor aliado (y la paciencia también). Para Miguel, 11 años, mi esposo inventó el proyecto “puertas del mundo”, en el cual papá e hijo buscan puertas interesantes para sacar fotos y luego hacer un libro que enviamos de regalo a los abuelos en Venezuela y Estados Unidos, y además exhibimos en la mesa de la sala. Miguel se siente orgullosísimo de ser el protagonista de un libro (emoción a montón) y aprende de cada sitio visitado. En Internet hay una gran variedad de páginas web que pueden ayudarlos a diseñar el libro de sus sueños. La historia es un tanto diferente con la chiquita de la casa. No se porqué pero con Verónica cada voyage es una historia diferente. En Francia le dimos una cámara de fotos porque hacer un album de recuerdos era su meta. En Italia llevaba unos lápices de colores y una libreta en la que dibujaba lo que veíamos y tomaba algunas notas. De qué depende, no lo se, pero les digo que ella me mantiene “distraída” pensando en cómo será la próxima travesía. Ya les contaré…

Viajar con niños es una aventura que incluye sus altos y sus bajos, pero eso hace la experiencia todavía más valiosa. Hemos notado que crecemos como familia en cada viaje. Que logramos distribuir roles que nos hacen sentir cómodos e importantes… Los niños se sienten queridos y valorados mientras desarrollan respeto por las tradiciones extranjeras y un sentido de independencia que les será de mucha utilidad cuando crezcan. No dejen de explorar por miedo a las quejas viajeras. Al final, lo que recordamos de los viajes son los momentos compartidos y las experiencias vividas…

 

 

 

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