¡Y ya no éramos dos!

Desde hace años transito el camino de todo inmigrante: lejos de la familia, del país de origen, re viviendo tradiciones propias en tierras lejanas. Sin embargo, no fue hasta ahora que se me ocurrió documentar las travesías de esta familia y nuestros intentos por “ser” y “no ser”. Me explico para que no crean que la distancia me aflojó un tornillo. Hace tres años nos mudamos a Alemania, después de haber vivido en Estados Unidos por 12 años y haber traído al mundo tres chicos bajo el cielo texano. De pronto no se trataba de mí, y mi esposo, lidiando con los cambios propios del proceso migratorio, sino que ahora mis hijos vivirían lo que yo experimenté en carne propia al dejarlo todo y lanzarme a lo desconocido. Era yo, era mi marido, éramos nosotros los responsables de arrancar las raíces de nuestros hijos y trasplantarlos en un lugar inexplorado.

Los años de experiencia laboral trabajando con niños, enseñando mi idioma y mi cultura, me prepararon para ver este cambio como una oportunidad de crecimiento personal, de descubrimiento de ese yo interno que me decía que una vez dejado el nido primario, donde viven mamá, donde están papá y los amigos,  cualquier viaje se emprende más fácilmente. Mis raíces ya habían sido sacadas de suelo criollo para recorrer terruños extranjeros y me sentía feliz, curiosa del mundo que me rodeaba y del que se encontraba distante. Eso combinado con la forma pragmática de mi esposo de ver las cosas, y el positivismo que me he tallado en el corazón, empacamos nuestra vida en 10 maletas y nos dispusimos a cruzar el Atlántico. Nos acompañaba una oferta de trabajo para mi marido, un diccionario y unos libros de vocabulario básico en alemán, y las palabras de mi hijo mayor retumbándome en la cabeza: “me están arruinando la vida con esta mudanza”. ¡Cómo ha cambiado nuestra vida desde ese entonces!

En este tiempo he confirmado como mamá lo que ya de educadora sabía, los niños son seres elásticos que extienden su curiosidad y capacidad de aprender, tanto como nosotros los adultos los motivemos a hacerlo. Que son capaces de retraerse y ser fieles a sus costumbres de casa, mientras conocen y adquieren las del país huésped. En este tiempo aprendí que más que yo a ellos, fueron mis hijos los que me dieron la gran lección de integración cultural, de valentía y perseverancia aun a su corta edad. Esta gran admiración que siento hacia mis chicos, hacia su forma de “ser” auténticos, respetuosos y tolerantes de lo distinto, y de “no ser” prejuiciosos, tibios y amilanados, me inspiró para crear Little Nómadas. Este es un espacio para tí, para ustedes, para todos aquellos que se sientan curiosos por la aventura de esta familia de cinco y sus peripecias viajeras, y para quienes se interesan por una crianza global que le brinde al mundo la oportunidad de tener seres humanos a gusto en cualquier rinconcito del planeta.

Una vez más ¡bienvenidos!

 

4 comentarios sobre “¡Y ya no éramos dos!

    1. María, gracias por tu comentario. Quiero poder transmitirles a todos, de forma real y sin maquillaje, lo que vivimos, lo que descubrimos en este camino de estar fuera de casa y por esos mundo, como decía mi madre.
      Bienvenida al blog y a Little Nómadas.
      Llenaste el formulario para seguirnos? Ya tengo tu correo pero debes autorizarme a través del botón que dice “suscríbete”.
      Saludos
      Flor

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